Ojos que no ven...

 Un refrán que he escuchado toda la vida, pero hasta hace poco doté de significado.

Varias veces he pensado que los ignorantes son más felices, no tienen preocupaciones, no tienen tensión, sólo van con la corriente y punto. No tienen esa voz de la conciencia que te dice que no es suficiente con lo que estás haciendo, que necesitas esforzarte más; o que no importa lo que hagas, siempre vas a estar en el mismo círculo vicioso de miseria emocional dando vueltas y vueltas.

Pienso que mientras uno es más listo, o aprende más cosas pues, es más miserable. Los Cafres, en Hormiga (2000) dicen que:

Mucho ando y poco avanzo.

Mucho avanzo y poco encuentro.

Mucho encuentro y poco entiendo.

Mucho entiendo y poco acepto.

 

Es que creo que hay cierta oscuridad en el cinismo que uno va adquiriendo con el tiempo, cuando nos resignamos a aceptar cómo son las cosas en realidad. De chiquita yo pensaba que los adultos no decían mentiras, yo pensaba que eso de la hipocresía era una maña infantil que se quedaba entre las paredes de la escuela primaria. La primera vez que se me rompió el corazón fue cuando me di cuenta de que los adultos mentimos todavía más ¡y de qué manera!

A pesar de todo, prefiero los desgarradores infortunios de saberme atrapada en un engrane que no me gusta cómo funciona, a la ignorancia total.

Pero esta vez aprendí la ignorancia que prefiero una y mil veces... Resulta que un rasgo muy importante de mi personalidad es que soy altamente sensible PAS pa' los compas—, o sea que me estremezco con cualquier muestra de cariño, valores, o falta de ellos; me derrito cuando alguien tiene un detalle lindo, por mínimo que sea; me voy al piso si veo que alguien no alcanzó rebanada de pastel en la fiesta.  Los perritos que andan mendigando comida en la calle, las personas pidiendo limosnas en el centro, cuando alguien se equivoca y comete el oso de la vida; cuando un niño hace un berrinche, (o cuando un adulto hace un berrinche).

Todo es demasiado, de repente.  De pronto encontré la paz en la ignorancia: no salir al centro para no ver a las personas pidiendo esas limosnas; no ver a los ojos cada vez que una persona comete un error bochornoso para no darme cuenta de su reacción; no visitar a mi familia para no saber qué problemas tienen mis papás o mis sobrinos.

Me volví egoísta, ermitaña, difícil de localizar, poco confiable, pero con una tranquilidad... Y lo aprecio cada vez más.

Aun así, tengo mis propias tensiones y preocupaciones —las mías y las del gato—, y con eso es suficiente para necesitar un constante apagón, un suspiro, una caguama y algo que mitigue mi alopecia. ¡Ya mero voy a andar preocupándome por lo que pasa a mi alrededor!

No, mejor me quedo egoísta, sola y poco confiable. En paz. Sin que el corazón sienta nada.


Comentarios

Entradas populares