Muchacha ojos de papel

La primera vez que me rompí fue a principios del 2016, creí que así se sentía crecer, que nuca me iba a sentir yo otra vez.  Fue más que una ruptura amorosa, más que una ruptura de corazón, me hice pedacitos por completo.  Energéticamente estaba en el piso, había cosas que no entendía, estaba tan enojada. De pronto, resignada a que ése iba a ser mi nuevo ser: amargada, miserable; como si ninguna emoción o sensación pudiera traspasar mi core.

Y me bastaron un año de fiestas + un año de autocuidado para, un día gris, volver a sentirme como yo, como siempre. Iba caminando hacia mi casa, y de pronto me remonté a mis días de prepa, regresando de la casa de Andrea, después de correr bajo la lluvia toda la tarde. Sonreí con tanta nostalgia: por fin se había caído toda esa cáscara, quedaba sólo yo, en mi realidad, en mi transparencia. Seguí mi camino, riendo sola y con lágrimas en los ojos.

La segunda vez que me rompí... No creí que fuera posible volver a sentirme así, y menos de esta manera, tan apresurada, tan aparentemente superficial.  Duele más la incertidumbre que la indiferencia, pero también lastima la credulidad.  

Ahora, cuando me tomo una foto lo noto... Y cuando la subo me pregunta mi mamá: ¿por qué la carita triste?
Porque, esta vez, sólo han pasado dos o tres meses. Aunque ya no duela, aunque pueda disfrutar y reír, y por fin haya dejado de llorar, mis ojos todavía reflejan la tristeza, la desilusión, la decepción.

Ya no hay nada de aquello que nunca fue, pero mi mirada va a paso lento.
Cada día me siento menos rota, pero todavía estoy sanando.
Por eso la carita triste.

Comentarios

Entradas populares